En los sistemas de filtración industrial y de tratamiento de agua, seleccionar el filtro correcto es clave para garantizar eficiencia, calidad y control de costos. Dos de las opciones más utilizadas son los filtros plisados y los cartuchos de profundidad. Aunque ambos cumplen la función de retener partículas, sus diferencias en diseño y funcionamiento determinan dónde se recomienda cada uno.
Un filtro plisado es un filtro de filtración superficial, donde las partículas quedan retenidas principalmente en la superficie del medio filtrante. Su diseño en pliegues aumenta significativamente el área de filtración sin incrementar el tamaño del cartucho, permitiendo un flujo más alto y una caída de presión más baja.
Los filtros plisados se fabrican con materiales como polipropileno, poliéster o membranas sintéticas, garantizando buena compatibilidad química y filtración estable. Son ideales para sistemas que requieren control preciso del tamaño de partículas, como agua potable, alimentos, bebidas, farmacéutica o prefiltración de membranas de ósmosis inversa.
En aplicaciones prácticas, los cartuchos plisados se utilizan como unidades reemplazables en equipos industriales, asegurando fácil mantenimiento y larga duración.
El cartucho de profundidad funciona mediante filtración volumétrica, atrapando partículas a lo largo de todo su espesor, no solo en la superficie. Su estructura tridimensional, fabricada con fibras fundidas, hilos enrollados o espuma porosa, permite retener contaminantes de distintos tamaños y soportar cargas altas de sólidos.
Gracias a esta característica, los cartuchos de profundidad ofrecen mayor capacidad de retención y vida útil prolongada, siendo especialmente recomendables en procesos industriales con fluidos cargados de partículas o como prefiltración antes de etapas más finas.
En general, los filtros plisados son más adecuados para precisión y flujo constante, mientras que los cartuchos de profundidad destacan por su capacidad de carga y resistencia a fluidos muy cargados.
La selección depende de la carga de contaminantes, tamaño de partículas, caudal y condiciones del sistema:
En muchos sistemas, la mejor estrategia es combinar ambos: los cartuchos de profundidad actúan como prefiltración y los filtros plisados realizan la filtración final, optimizando eficiencia y reduciendo costos de mantenimiento.
Tratamiento de agua potable y municipal: los cartuchos de profundidad se usan en etapas iniciales y los filtros plisados en etapas finales para garantizar agua clara y estable.
Sistemas de ósmosis inversa (RO) y ultrafiltración (UF): cartuchos de profundidad protegen las membranas frente a altas cargas de sólidos; filtros plisados aseguran la protección fina.
Industria alimentaria y bebidas: cartuchos de profundidad en prefiltración de materias primas; filtros plisados para líquidos ya pretratados.
Química e industria petroquímica: cartuchos de profundidad para líquidos con alta carga de partículas; filtros plisados en etapas críticas de control de contaminación.
Aceites, lubricantes y pinturas: cartuchos de profundidad como filtro principal, con filtros plisados en terminales donde se requiere control estricto de partículas.
Tanto los filtros plisados como los cartuchos de profundidad cumplen funciones complementarias dentro de un sistema de filtración. No existe una solución universal; la clave es analizar el proceso, las características del fluido y los objetivos de filtración.
Un enfoque basado en soluciones, que combine ambos tipos de filtros cuando sea necesario, permite optimizar el rendimiento, reducir costos de mantenimiento y prolongar la vida útil de los equipos.
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