Cuando una planta de agua embotellada empieza a tener problemas de sabor, estabilidad o mantenimiento, la causa rara vez está en la botella. En la mayoría de los casos, el origen está mucho antes: en la filtración.
A lo largo de nuestra experiencia en el sector, hemos visto que la selección de filtros es importante, la que puede influir en la calidad del producto, la eficiencia de la producción y los costos operativos a largo plazo.
Sin embargo, la clave no está tanto en decidir qué filtro utilizar, sino en saber qué tipo de agua se está produciendo. Aunque desde fuera muchos productos embotellados puedan parecer similares, los objetivos y exigencias del agua mineral y el agua purificada son completamente diferentes. Comprender esta diferencia desde el inicio es fundamental para evitar problemas técnicos y operativos en el futuro.
El valor del agua mineral reside en su composición y equilibrio natural. Por ello, durante el proceso de producción, la filtración no debe centrarse en eliminar el mayor número posible de componentes, sino en proteger el carácter original del agua y mantener intacto su perfil mineral.
En la práctica industrial, muchas plantas adoptan una configuración equilibrada y probada: una prefiltración de 5 μm, normalmente basada en cartuchos de polipropileno, destinada a eliminar partículas visibles y proteger los equipos posteriores; seguida de una filtración final de 0.2 μm antes del llenado, generalmente mediante cartucho de membranas plegadas, que permite controlar eficazmente la carga microbiológica.
Este enfoque garantiza la seguridad del producto final sin alterar la composición mineral, manteniendo un sabor estable y una calidad constante, al tiempo que asegura una operación fiable y sostenible.
A diferencia del agua mineral, el objetivo del agua purificada es obtener una calidad altamente estable y reproducible, independientemente de las variaciones del agua de origen. Para ello, el proceso de filtración y tratamiento debe orientarse no solo a la seguridad del producto, sino también a la estabilidad operativa del sistema.
En la práctica industrial, la producción de agua purificada se apoya principalmente en la ósmosis inversa (RO) como etapa central de purificación. Para garantizar un funcionamiento fiable del sistema, el RO se protege mediante una filtración de seguridad previa, normalmente con cartuchos de polipropileno tipo melt blown de 1 a 5 μm, diseñados para retener partículas y reducir la carga sobre las membranas.
Tras la ósmosis inversa, el proceso suele completarse con una filtración final de 0.2 μm antes del llenado, generalmente mediante membranas plegadas, que asegura el control microbiológico del producto final. Este diseño permite alcanzar una alta pureza del agua, prolongar la vida útil de las membranas RO y mantener costos de operación controlados y previsibles.
En la práctica, muchas plantas de agua embotellada tienen una serie de errores comunes durante el diseño o la operación del sistema de filtración, especialmente en las etapas iniciales del proyecto.
Errores como priorizar filtros de alta precisión sin una prefiltración bien dimensionada, aplicar la misma solución a agua mineral y agua purificada, o subestimar el impacto del mantenimiento suelen pasar desapercibidos al inicio. Con el tiempo, estos problemas terminan afectando la estabilidad del proceso y la eficiencia de la producción.
Si está evaluando su sistema de filtración o planificando una nueva línea de agua embotellada, el primer paso es confirmar si la solución actual se ajusta realmente a su proceso y a su tipo de producto.
Nuestro equipo puede ayudarle a analizar su aplicación y recomendar una solución de filtración adaptada a las necesidades específicas de su planta.
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En Brother Filtration entendemos la filtración como la base silenciosa de un proceso estable.